Un largo viaje.
66 años.
24820 días. Yo, mi trabajo y mis fatigadas manos. Una vida llena de cansancio
dedicada a mi trabajo. Mis arduos esfuerzos para recolectar dinero han dado
frutos. No están destinados a la caridad, tampoco para la mejora de mi casa,
simplemente para cumplir un ambicioso sueño de este viejo ingenuo proveniente
de un pequeño pueblo alemán con ganas de tocar el cielo por primera vez.
En mi viejo ático, arrumbadas, encontré un juego de maletas: la tela
estaba en su mayoría rasgada; el color se estaba perdiendo y las correas ya
estaban debilitándose. El aspecto de éstas era lo de menos, sólo necesitaban
ser capaces de cargar mis cosas. Camisa tras camisa, pantalón tras pantalón, mi
ropa fue acomodada pieza a pieza en la maleta. Mi última noche en esta casa que
me acogió durante toda una vida, es triste mirar al pasado y escuchar a los
recuerdos susurrándome a través de las paredes. Mi sombra pasaba una y otra vez
por los pasillos vacíos; se sentaba con una taza de té en el porche y admiraba
la despedida del sol; se reía por aquellos comentarios del locutor del turno de
la tarde; tomaba los libros del ya acabado librero y en aquel sillón café, ya
marcado por mil y una manchas, tomaba asiento pacíficamente antes de comenzar a
leer un viejo favorito y claro se quedaba dormida. Era divertido. Ver como
hasta las acciones más cotidianas crearían en mí un sentimiento de nostalgia.
Tuve para la cena, como lo hago usualmente, guisado de papa. Quise
añadir algo más especial por ser mi última noche y, sin pensarlo dos veces, mis
manos estaban ocupadas una copa de vino tinto. Y, ya que esa noche decidí consentirme
¿Por qué no un strudel hecho en casa como postre? Después de una cena
encantadoramente casera, me dirigí hacia mi alcoba subiendo los escalones
rechinantes para finalmente poder cerrar los ojos. Una vez postrado en mi
desgastada cama, miles de recuerdos desfilaban en mi memoria robándome el
sueño. Vi pasar a mis padres uno al lado del otro; mamá llevaba aquel vestido
azul que siempre usaba y de mi padre recuerdo las usuales cortadas en su mentón
resultado de una mala navaja. Se veían felices, y por ese momento puede sentir
esa sensación de calor tan familiar tan típica de mi niñez. Después de ellos
recuerdo a mi pequeña hermanita con sus trenzas a cada lado de su cabeza, las
rodillas raspadas y siempre una calceta caída. La extraño. Los extraño. Mis
padres ya no están, sólo espero que en dónde quiera que estén, estén en paz. Y
mi hermana, de ella ya no he tenido noticias. Toda una mujer, con esposo y una
niña que la cuida y que es muy parecida a ella. Hace tiempo que sus cartas
dejaron de llegar, 10 años, si mi vieja mente no me engaña. Necesitaba verla.
No puedo. No ahora. Entonces recordé: La caja. La pequeña caja debajo de mi
cama que el polvo había reclamado. Estiré el brazo y la alcancé. Fue abierta
por primera vez en mucho tiempo y mis arrugadas manos sujetaron los recuerdos
que guardaba. Fotos mías, de mi hermana, mis padres e incluso mi mascota. Cada
una contaba una historia diferente. Como la vez que mi hermana y yo rompimos un
vidrio por accidente y al final terminamos confesando a mis padres entre
sollozos. Viejos tiempos, convertidos en papel, nada mal. Entonces la vi,
aquella foto familiar, una de las más dañadas pero más significativas. Una
lágrima quería escapar de mis ojos al mirar a mi familia sonriendo hace tantos
ayeres. Eso era lo que necesitaba, esa sería mi batería a lo largo de mi viaje.
Mi rostro se iluminó con una sonrisa y coloqué la foto en mi mesita de noche.
La mañana siguiente tendría que dejar a mi casa sola y embarcarme en un viaje
hacia un mundo desconocido, siguiendo un anhelo que ha persistido desde hace
años. Una completa locura típica de cualquier joven. Recorrer el mundo en busca
de las obras de arte que no podría dejar de mirar aunque me lo pidieran. Nunca
fui apasionado por el arte, mucho menos un experto. Antes era lo último que
pondría en mi lista de importancia, cosas como la economía, la política, el
futbol, las noticias; esas eran cosas importantes…ya no. Mi vida está llena de
cosas que no he podido explicar, una de ellas fue mi repentino interés por el
arte. Como las pinturas fueron acompañándome en mi soledad; cada mirada de un personaje,
cada edificio lleno de ventanas, cada jardín y cada ser mitológico tenía un
mensaje para mí y, aunque a veces eran difíciles de descifrar, yo quedaba
enamorado de su complicado lenguaje. Ahí es cuando tomé esta tonta decisión de
perseguir a mis pinturas o esculturas favoritas alrededor del globo. Fue un
sueño tan tonto y absurdo que tenía que perseguirlo y yo fui lo suficientemente
loco para seguir con él casi toda una vida.
La mañana siguiente me levanté temprano. Arrastrando los pies logré
llegar al baño y me dediqué a tomar una ducha rápida pero relajante. Una vez
vestido y arreglado me dirigí hacia la cocina para preparar mi propio desayuno.
La nostalgia todavía no desaparecía de mi cabeza y sabía que no iría
disminuyendo. Trate de comer lentamente,
a lo mejor era debido a que me resultaba con cada minuto que marcaba el reloj
más difícil la idea de tener que dejar la casa sola o tal vez una parte de mí
tendría miedo de enfrentar un mundo para el cual no estoy preparado en lo
absoluto. Fuera lo que fuera aquel instinto, estaba funcionando. Las dudas sólo
llegaban: que si el vuelo se retrasaba, que si me robaban algo, que sí tendría
problemas para comunicarme, el clima
incluso qué iba a comer se convirtieron en escenarios mucho más
terroríficos de lo que en realidad eran. Intentaba alejarlos, sabía que esos
serían detalles mínimos comparados a esta satisfacción personal que finalmente
lograría obtener.
Una vez terminado mi desayuno, limpie los pocos trastos que aún me
esperaban en el lavabo. Todo listo. Ni siquiera un tenedor estaba fuera de su
lugar. Había llamado a un taxi hace unos cuantos minutos que ya se dirigía
hacia acá, sólo era cuestión de esperar. Me sentía cómo un adolescente, miles
de mariposas invadieron mi estómago y yo me repetía a mí mismo que todo estaría
bien aunque no lo creyera del todo, pero lograba tranquilizarme por unos
instantes. Un claxon interrumpió mis repeticiones. Este era el momento. El
conductor me ayudó a subir mis maletas a la cajuela del vehículo e hice una
pequeña revisión en mi mente. Boletos, maleta, pasaporte, dinero en efectivo,
tarjetas, cepillo y la pequeña foto de la noche anterior que ya se encontraba
guardada en mi billetera. Ahora si estaba listo para el comienzo de mi
aventura. El taxista obedeció a mi comando de dirigirse hacia el aeropuerto y
el automóvil partió. Yo sólo me resigné a dar una última mirada a la casa, mi
casa, que poco a poco se iba haciendo más pequeña. Fue un simple impulso lo que
me llevó a agitar mi mano en forma de despedida hacia la vieja casa. ¿El
taxista pensará que estoy loco? De seguro lo hace. Pero al menos fue un alivió
el decir adiós antes de partir. Una pequeña sonrisa se formó en mis labios y mi
alma estaba lista para todo el nuevo panorama que iba a presenciar. Con una
firme voluntad y un poco de miedo escondido tras mi calma, me acomodé en el
asiento esperando a mi primer encuentro con este mundo desconocido: El subir a
un avión.
Ya en el aeropuerto, descubrí lo rápido que el mundo actual gira. Todos
iban dando pasos largos y rápidos a comparación de los míos. Un desfile sin fin
de maletas de todos colores y tamaños pasaba de un lado al otro. Y era una sopa
de mil caras aquel lugar. No fue difícil encontrar mi vuelo lo difícil fue
acatar una serie de instrucciones que para mí eran totalmente desconocidas.
Pero a pesar de todo, lo entendí y pude llegar a mi vuelo. Un asiento junto a
la ventana aguardaba por mí. Las instrucciones nada claras del capitán sonaban
en las bocinas y las azafatas pasaban de un lado a otro repartiendo bebidas y
pequeños paquetes de golosinas. Para ser sincero, estaba un poco (por no decir
muy) nervioso. Un avión. Estaba en un avión a punto de despegar nada mal para
un anciano que viaja solo. Siempre quise subirme a un avión desde que era niño
¿Quién hubiera dicho que pasaría de una caja de cartón con dos alas pegadas a
cada lado a un verdadero e imponente avión? No le tenía miedo a las alturas, no
podría temer algo que todavía no conozco. De hecho el despegue era la cosa que
más ansiaba, ver cómo la gente, los cultivos y hasta los edificios más grandes
parecían parte de una casita para muñecas. Y, finalmente, entre un montón de
palabras indescifrables que provenían de las bocinas, fui capaz de escuchar
“¡Que disfruten su vuelo!” seguido del sonido del motor arrancando. Y así fue
como por primera vez en toda mi vida pude subir a un avión y me fue posible
tener una vista bellísima de la ciudad. Un tipo de escalofríos llegaron a mi
cuerpo pero eran de emoción. Finalmente vería con mis propios ojos lo que las
postales me mostraban y, por un instante, todo esto sonaba como si fuera un
loco sueño.
Día uno de mi primer y tal vez último viaje alrededor del mundo en busca
de artes populares y difíciles de encontrar viaje demasiadas horas para un
viejo de mi propia edad pero valió mucho la pena, hoy acabo de aterrizar a un
país muy conocido llamado Siria que está en la costa este del mar mediterráneo
al lado derecho de Lebanon y Sobre Jordán. Al aterrizar hacia demasiado calor
ya que era casi puro desierto y con mucho sol, casi al salir del aeropuerto sentí
el calor mortal del sol y el piso quemado, sentía demasiado calor pero
principalmente me sentí con mucha
adrenalina por el gusto de poder conocer todo sobre el país, sus culturas, su
religión, idioma, culturas y también su comida tradicional, pero en lo que más
estoy interesado es el arte en el país y las pinturas que más llaman la
atención en sus regiones. Me hospede en el hotel más cercano a una ciudad
antigua que he querido conocer desde hace mucho tiempo pero antes tuve que
desempacar y preparar mis cosas para turistear los alrededores cercanos, me
habría gustado conocer más allá de la región de Sinagoga pero no tengo tiempo
suficiente. Agarre mi bolsa de la cintura para poner mis pertenencias, deje el
hotel y me fui a pedir mapas y cupones para los museos, lo que hice después fue
merodear por los lugares cercanos que me llamaron la atención como tiendas de
antigüedades y restaurantes populares me pareció corto el viaje pero me gustó
mucho el área, lo que me incomoda más es el calor del sol, no tengo ni la menor
idea de cómo las personas de aquí puedan resistir este calor tan intenso sin
quemarse o ser molestados por ello lo bueno es que solo estaré aquí por pocos
días, luego me iré a otro lugar más cálido y refrescante, al primer museo que
asistiré es en Sinagoga que es un museo muy conocido y famoso, al llegar a la
ciudad pensé que eran solo rocas formadas, pero después de recorres por un rato
me encontré con objetos que nunca había visto en mi vida, no las puedo explicar aquí porque no
sé cómo se puedan describir, después de observar más cosas alrededor de ese
museo vi una pintura que me llamo más la atención que fue una en donde estaba
Moisés haciendo brotar agua de una roca, pero habían más cosas dentro de esa
pintura, estaban los 11 apóstoles y sobre ellos unas casas pequeñas pero
sobraba una casa que era el último apóstol, en la religión católica uno de esos
apóstoles traiciono a Jesús y fue castigado, que su nombre fue Judas, además
habían unas velas que tal vez representaba la iluminación de la presencia de
Dios. También el agua que Moisés brota de la roca puede ser agua católica para
bendecir a los apóstoles, al parecer en lo siguiente del turismo, esa pintura
fue la que más me llamo la atención ya que representa la historia de los
apóstoles y Moisés en una sola pintura. Al terminar mi día, llegue al hotel muy
exhausto y feliz de poder haber visto esa ciudad y sus interiores artísticos,
el próximo día fue mi último para quedarme en el país de Siria ya que tendré
que tomar otro vuelo a otro país, este ultimo día aprovechare para probar los
platillos más populares del país, su platillo más tradicional es pan plano de
Pita que es redondo y suele ponerse sobre él una capa de hummus, elaborando de
esta forma una especie de salsa para mojar, fue un plato delicioso y exquisito,
simple pero bueno, después en la tarde me fui al parque Sacher a recostarme y
disfrutar de la sombra que podía tener por un rato, veía a las personas caminar
y ejercitar al igual que a los niños jugando en el área donde están las resbaladillas
y columpios, todos se veían felices y eso me calma la mente, por la cual cerré
mis ojos un rato y me quede dormido por horas, cuando desperté ya estaba
oscureciendo, entonces me fui al hotel y aliste mis cosas para irme de viaje en
próximo día, cuando estaba a punto de irme a dormir, me fui al balcón a ver las
estrellas ya que se veían hermosas en el cielo sin nubes, llegue a mi cama y
decidí quedarme despierto por unos momentos a escuchar a las personas caminando
en la calle. La mañana siguiente, después de vivir aquel circo del aeropuerto
otra vez, abordé el avión lleno de caras desconocidas que sólo tenían algo
conmigo: Su destino era París.
París, París una ciudad tan
hermosa. Volar sobre ella era toda una maravilla. Casas tras casas todas tan
bellas, estatuas que decoran las calles y miles de personas que pasan con ojos
llenos de esperanza e ilusión. Estoy esperando el momento en que por fin baje
de este taxi para ir a ver todas las bellas obras, estatuas, ya quiero ver las
pinturas de Miguel Ángelo, en cuanto abren las puertas del avión, salgo por un
tipo túnel, y me encuentro con uñas largas escaleras, ya estoy muy viejo, así
que siento mis rodillas un poco desgastadas, así que camino con pasos firmes y
algo lentos, un señor como de 36 años se me acerca y me dice -Je aider avec vos bagages, monsieur?- no
entendía que decía, hasta que capto que no hablaba francés me dijo - lo siento señor, creí que era de
por aquí, ¿no quiere usted, que le ayude con su maleta?- asentí con la cabeza,
y el amablemente tomo mi maleta y me ayudo a llevarla hacia donde estaban los
taxis, me ayudo a parar uno y meter mi maleta en el taxi, final mente me
despedí y le di 10 euros, pero no me los acepto así que subí al taxi para
dirigirme al hotel, fui a la recepción para que me asignarán mi cuarto;
entrando a mi cuarto acomode mi maleta y vi un mapa de París , había muchos
museo que visitar como el musée du quai branly, musée bourdelle, musée des
arts, y después me topé con una hermosa estatua La Venus de Milo, se encontraba
en el museo Louvre-Paris, era bellísima. Salí corriendo del cuarto caminando
por la hermosa ciudad de París, mientras daba mis grandes pasos a toda prisa,
no me di cuenta que estaba perdido, estaba muy lejos del museo, así que me
acerque a una señorita que estaba enfrente de una tienda, me acerque a
preguntarle pero lo único que decía era - désolé, je ne comprends pas- que
significaba no lo entiendo, decidí entrar a la tienda a preguntar pero tampoco
lo entendían, después de señas
y señas, me rendí, y me decidí por mejor da un paseo por todo París, camine
solo viendo tiendas, después vi una nevería,
se me había antojado un helado así que entre y solo pude pedir mi helado
con señas, fue divertido y raro a la vez, mientras comía mi helado seguí
caminando hasta toparme con la hermosa Torre Eiffel, era bellísima , me subí
por unos tipos elevadores hasta la última parte de arriba, se veía todo París
era bellísimo, enfrente se podía apreciar un tipo jardín, y al rededor casas,
tiendas y por ahí mi museo, el museo que tanto deseaba ir, me imagine viendo La
Venus de Milo, apreciándola, pero tal vez eso no se cumpliría, París es muy
grande y no sabía si encontraría el museo, después de un rato anocheció, la
torre era bellísima iluminada, todo era mágico, al final seguí caminando por
todo París, no había taxis ni transporte, hasta que mejor que quede sentado en
un banqueta, pensando en cómo volvería, voltee hacia atrás para ver donde me
encontraba, y para mi sorpresa vi el museo ahí estaba, Louvre-París, lo había
encontrado por fin, lo único malo estaba perdido, me levante y vi el horario,
después de verlo seguí mi camino y me encontré con un mendigo, para mi sorpresa
hablaba español, le pregunte donde se encontraba mi hotel, el me indico como
dos calles, y agarre camino hacia ellas, la noche era tenebrosa y fría, así que
camine lo más aprisa que pude.
Después de unas cuantas, calles me encontré con una señora más grande
que yo, que al parecer tenía una rara
enfermedad, que causa falta de sueño, le pregunte por señas hasta que logro
entenderme, seguí el camino que me dijo la señora, hasta que si definitivamente
ahí estaba mi hotel, todo estaba en silencio entre y subí a mi cuarto, por fin
en mi cuarto, me puse mi pijama y dormí, bueno, al principio de me complico un
poco conciliar el sueño, ya que no paraba de dejar en el museo, ya quería que
fuese el siguiente día, después de tanto desearlo me quede dormido, me soñé
admirando la hermosa escultura, su cara su cuerpo, la forma de sus labios, todo
tan bien detallado.
Al siguiente día me desperté, me bañe, me vestí y todo lo que se hace
cuando despiertas, después de tomarme mi rico café, salí del hotel camino al
museo, era tan emocionante, me encontré al mismo mendigo de la noche anterior y
le compre un buen desayuno, hasta que por fin había llegado el momento de
entrar al museo, no me lo podía creer, entré, compre mi boleto y admire
muchísimas pinturas. Nunca había visto tanta belleza en un solo lugar, al ver cada obra me
enamoraba más del arte, y al escuchar a las demás personas que estaban ahí, las
diferentes maneras de persona de cada persona, porque muchos veían la misma
obra pero no pensaban ni representaban las cosas de la misma manera, esa es una
de las cosas que más me gusta del arte. Estaba ansioso por ver La Venus de
Milo, seguí admirando hasta que por fin ahí estaba, igual como en mi sueño
admirando la hermosa escultura, la forma en que fue hecha, con tanta
delicadeza, su expresión, todo era mágico. Pasillo tras pasillo, vi muchas
obras pero al entrar a una sala, vi la pintura de la Mona Lisa de Leonardo Da
Vinci, una de las mejores obras que se Leonardo Da Vinci había pintado. Yo era
otra más que había caído bajo el hechizo de París. Era irresistible. Decenas de
obras, sólo hacían que no me quisiera alejar de ahí. Sin embargo, mis deseos no
son órdenes aquí y tuve que abandonar el museo eventualmente. Y después, lo de
siempre. Me transporté en taxi hasta mi hotel. Listo para dormir me acomodé en
la cama, respiré profundamente y caí en un profundo sueño.
Me desperté muy temprano, para poder tomar un metro que salía desde la
estación howards en parís con destino a la ciudad de Venecia en Italia. Así que
tome el metro hacia Venecia, para poder vivir mi aventura al máximo.Llegando a
la ciudad de Venecia, me subí a un bote, para poder contemplar toda la ciudad a
su máximo esplendor y al terminar el recorrido en el bote, curiosamente me dejo
en frente de un museo llamado Versalles, y yo como amante del arte decidí
entrar ahí. No sé si fue el destino, que me llevo a un lugar tan sorprendente e
increíble, vi muchas obras de la cultura Italiana además de la Vanidad, a mi
parecer, la quinta mejor pintura que he visto. Saber que durante toda mi vida,
nunca había visto obras tan bellas, como las que he visto en este viaje, que
parece que es un sueño.
Ya cuando estaba a punto de salir del museo, vi a una mujer de espaldas,
y me emocioné demasiado porque al parecer era igual a mi hermana afuera de una
florería. Corrí hacia ella pero cuando, la agarre del hombro y la volteé, me di
cuenta que no era ella, solo era una mujer muy parecida a ella. Después de una
sincera disculpa me alejé cabizbajo sin voltear atrás.
Lo debí de suponer que no era ella, ¿Qué haría ella en Venecia? Pero la ilusión de que estaba ahí, que de
todos los lugares ella me encontraría en Venecia me alegro por un segundo, al
menos me hizo recordar un sentimiento que no había vivido hace mucho tiempo y
que tristemente, por más que mirara a la fotografía en mi cartera, no sería lo
mismo que poder escuchar su dulce voz llamándome con esos apodos terribles que
me había puesto cuando solo éramos unos pequeños cuya única preocupación era
que el día fuer perfecto para salir a jugar.
Ese día por la noche recordé a mi familia y todas las buenas
experiencias que viví con ellos, y a pesar de que ya no están a mi lado, estoy
orgulloso de haber sido parte de su familia.
Pasé algunos días más en la ciudad de Venecia, y después fui al
aeropuerto, y compre un boleto para el país de México, ya para poder disfrutar
un poco más de estos días que he viajado por muchos países.
Al fin, ha llegado el gran día de viajar hacia México, ha sido un viaje
cansado y con muchas travesía pero llego el ansiado momento de conocer uno de
mis países favoritos, uno de mis más anhelados sueños. Un lugar que encierra
cultura, calidez y alegría.
Su comida, su gente, sus fiestas, sus
costumbres al fin descubriré los secretos y mitos de la cultura Mexicana.
Recuerdo haber visto documentales y películas acerca de México y estoy ansioso,
la gente luce alegre, dicen que la comida es deliciosa, una de las mejores en
el mundo la cual dicen es un patrimonio cultural y los rituales y costumbre s
que aún se mantienen, es increíble. También conoceré una escultura magnífica,
la cabeza Olmeca un símbolo muy representativo de de los mexicanos.
Despierto con la luz del día, arreglo mis maletas, y me dirijo al lobi
del hotel. Espero con ansias al camión el cual me llevara al aeropuerto, me
siento y le doy un sorbo a mi café mientras investigo un poco más acerca de mi
siguiente destino. Un poco retrasado llega mi camión, estaba muy preocupado de
no llegar a tiempo y perder mi vuelo. ¡Justo a tiempo! El avión estaba a punto
de despegar, llegué corriendo y registre mi equipaje, subí al avión y muy
entusiasmado tome asiento. Me quede dormido todo el viaje y cuando llegue fue espectacular,
sentí una sensación increíble, inexplicable, había llegado a México, algo que
había esperado desde mucho tiempo atrás.
Cuando llegue al hotel todo era muy impresionantes, algo único. Sus
calles y casa antiguas, viejas y culturales. La gente muy amable y cálida. Todo
era muy pintoresco e inigualable, el
hotel era una estructura muy artesanal, llena de colores y un ambiente alegre.
Estaba más contento que nunca, no me hacía falta nada, me sentía como en casa.
Por la noche, camine un poco y probé varios platillos típicos mexicanos, probé:
pozole que es como caldo picante con carne o pollo con maíz, también probé los
tacos uno de los platillos más reconocidos en el mundo y probé sopes, son como
una especie de tortilla de frijoles con queso y salsa. La comida fue deliciosa,
quede encantado con la comida. Cuando regresé al hotel, tomé un baño y después
me fui a la cama, ya que al siguiente día me dirigiría a ver la “Cabeza Olmeca”
y un largo y sorprendente viaje me esperaba.
Desperté a las 5 de la mañana ya que yo iba hasta Veracruz, un estado de
México, en el cual vería la gran escultura. Me esperaba un viaje un poco largo,
aproximadamente de 4 horas, pero a mí eso no me importaba, yo estaba intrigado
por averiguar más sobre la cultura y aprender más del tema. Cansado llegué y
pronto un guía se acercó a mí para explicarme y guiarme durante mi visita.
Rápido llegamos al lugar donde la cabeza se encontraba, era un sueño
completamente, la escultura era totalmente diferente a las fotografías, era aún
más impresionantes y grande de lo que yo imaginaba. Todo era muy interesante,
aprendí muchas cosas sobre la cultura Olmeca, el guía me contó u poco de su
historia. Me dijo que la cultura Olmeca había sido una un civilización antigua
precolombina que habitó en las tierras bajas del centro-sur de México, durante
el periodo Preclásico Medio mesoamericano, aproximadamente en el estado
mexicano de Veracruz y Tabasco en el istmo de Tehuantepec. La cultura Olmeca
tuvo una muy amplia influencia ya que sus obras de arte de esta civilización
también se encuentran en El Salvador. Los olmecas se desarrollaron entre los
años 1200 a.c hasta alrededor del año 400 a. C. Y por muchos historiadores es
considerada la madre de las culturas o civilizaciones mesoamericanas ( "La
cultura madre") que más tarde surgirían. Todo había sido de mi agradó,
había sido más de los que esperaba.
Mi viaje estaba a punto de terminar aún me quedaba 1 día más en México,
un día más para disfrutar. Ese último día visite la playa, las cuales son un
gran patrimonio cultural del país, unas de las más bonitas en el mundo. También
visite algunos museos y espectáculos, compre souvenirs, dulces típicos y tome
cientos de fotos para mi álbum.
Finalmente había llegada el día, después de meses viajando por el mundo
y disfrutando de la vida, mi viaje había concluido, yo regresaría a Alemania.Triste
llegue al aeropuerto y aborde el avión, recordando las aventuras y travesías vividas.
Volando a kilómetros arriba, después de horas llegue a Alemania. Me era
difícil asimilar la realidad, tome un taxi el cual me llevó hasta mi casa.
Sentí un gran alivio al llegar, tranquilidad e inmensa paz. ¡Oh vieja y amada
casa! Lamento mi ausencia. ¡Nunca me dejes volver a hacer tal locura!
Ordené mi ropa (o al menos lo intenté), mis recuerdos se fueron a
aquella cajita que adornaba el espacio que hay debajo de mi cama, puse en
cuadros las fotos y muy fatigado me dirigí a la sala. Recostado en mi tan
anhelado sillón manchado y muy pensativo no pude hacer nada más que dejar que
el peso venciera a mis parpados.
Cuando abrí nuevamente mis ojos, no podía creer lo que estaba
presenciando. Vi todo más colorido. El sol brillaba como nunca, las nubes estaban
grandes y eran iluminadas de una manera espectacular. Los pájaros cantaban y
las flores estaban en su máximo esplendor. Fue entonces cuando quedé
paralizado. Estaban ahí, frente a mí. Mis padres. Tal y como los recuerdo.
Simplemente sonreían. Mi mente gritaba “¡Mamá! ¡Papá!” cual niño perdido pero
no era capaz de articular palabra alguna. Ellos sonreían y una luz
resplandeciente los iluminaba por detrás. Recuerdo el haber llorado.
Definitivamente eran lágrimas. Después de tanto tiempo, aquel loco joven que
había salido de casa para perseguir un sueño había regresado a casa. Y cómo
siempre, sus padres lo habían estado esperando con los brazos abiertos. Corrí,
corrí y corrí hacia ellos. Creía que sería imposible debido a mis frágiles
piernas. Sin embargo continuaba corriendo como si mis piernas estuvieran llenas
de fuerza como hace tiempo. Las primeras palabras que salieron de mis labios
fueron: ¡Esperen! Y lo hicieron. Los abrasé como si mi vida dependiera de eso.
¡Su olor! ¡Su calor! ¡Tal y como recordaba! Mi madre solo formó una sonrisa
inocente y preguntó “¿Qué has estado haciendo jovencito? Tomé su mano y
contesté: Te lo contaré todo llegando a casa. Y así lo hice. No está nada mal.
Que para este loco por el arte, toda su vida le estuviera esperando una pintura
solo para él más bella de lo que jamás pudo imaginar. Es divertido. ¿Quién
hubiera dicho que también hay obras de arte en el aquel lugar?
Salvador Alejandro Carmona Calzada
Leslie Sanchez Hernandez
Fatima Villela Guerrero
Eduardo Olmos
Gemma Rubi